Este es uno más de esos libros que uno empieza y no termina, posiblemente por no haberme enganchado lo suficiente en sus primeras páginas.
Se trata de una obra de Saramago, premio Nóbel de literatura en 1998 y
fallecido en 2010. Esta obra es de 2002 y fue llevada al cine en una adaptación
del director canadiense Denis Villeneuve y bajo el título de “Enemy”.
El argumento, muy resumidamente, parte de la figura de Tertuliano Máximo
Afonso, un profesor de historia en una escuela secundaria. Mientras ve una
película que le recomendó el profesor de matemáticas de la escuela, Tertuliano
descubre un actor que es su copia idéntica. El libro narra la búsqueda de
Tertuliano por su doble y los eventos que se dan después de que ambos se
encuentran.
Entre
las frases que más me han gustado de las escasas páginas que he leído, se
encuentran las siguientes:
“Al fin y al cabo, es benévolo principio mercantil, cimentado en la
antigüedad y probado en el uso de los siglos, que la razón siempre la tiene el
cliente, incluso en el caso improbable, aunque posible, de que se llame
Tertuliano”. Pág. 14
“Verdaderamente Tertuliano Máximo Afonso anda muy necesitado de
estímulos que lo distraigan, vive solo y se aburre, o hablando con la exactitud
clínica que la actualidad requiere, se ha rendido a esa temporal debilidad de
ánimo que suele conocerse como depresión”. Pág. 11
“… ayuda a mantener un ambiente confortable, que no pasa de la media,
sin fingimiento ni pretensión de aparentar más de lo que es, el sitio de vivir
de un profesor de enseñanza secundaria que gana poco, como parece ser
obstinación caprichosa de las clases docentes en general, o condena histórica
que todavía no han acabado de purgar”. Pág. 23
“Al contrario de lo que piensa el sentido común, las cosas de la
voluntad nunca son simples, lo que es simple es la indecisión”. Pág. 40
“Todos sabemos que cada día que nace es el primero para unos y será el
último para otros, y que, para la mayoría, es sólo un día más”. Pág. 40
“… los profesores necesitan ir bien alimentados a la escuela para poder
arrostrar el durísimo trabajo de plantar árboles o simples arbustos de
sabiduría en terrenos que, en la mayor parte de los casos, tiran más para lo
estéril que para lo fecundo”. Pág. 46
Es una pena que no haya
seguido leyéndolo, porque si en apenas 50 páginas me han llamado la atención
estas frases, con el profundo contenido que llevan, es muy posible que la lectura
de la totalidad de la obra me habría dado para varias entradas.
En cualquier caso, si
quieres acceder al libro, aquí tienes el enlace.

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