Hace algún tiempo publiqué esta entrada – “La inteligencia artificial y la divulgación jurídica”-, que puedes leer completa clickando, para referirme a la nueva
realidad marcada por la IA: ésta absorbe la información de la red pero no facilita
tráfico a los autores de la información, parasitando de ese modo el trabajo ajeno.
Sobre el tema se manifiesta, una vez más, Enrique
Dans, a quien sigo como lector diario, en una reciente entrada llamada “La web sin visitas” y a la que puedes acceder pinchando en el enlace.
El tema me ha parecido interesante porque abunda en
este tema ya tratado anteriormente y de ahí que os facilite este resumen:
1. Durante años, la web ha funcionado sobre un equilibrio
sencillo: los creadores publicaban contenidos y, a cambio de permitir su
indexación, recibían tráfico, visibilidad e ingresos. Este modelo está
desapareciendo con la irrupción de la inteligencia artificial generativa. En
lugar de enviar usuarios a las páginas originales, los nuevos buscadores y
asistentes sintetizan la información y responden directamente a quienes les
consultan, reduciendo drásticamente la necesidad de visitar las fuentes.
2. Para Dans, este cambio rompe el pacto que sostenía el
ecosistema digital. Si las plataformas utilizan contenidos ajenos para entrenar
modelos o generar respuestas sin devolver tráfico ni compensación económica,
los editores asumen todos los costes mientras las empresas de IA capturan el
valor. Estudios recientes citados en el artículo apuntan a una caída
significativa de los clics cuando aparecen resúmenes generados por inteligencia
artificial y a una disminución del tráfico hacia los sitios originales.
3. También nos informa Dans acerca de la iniciativa de Cloudflare para permitir que los
propietarios de las páginas bloqueen o cobren el acceso a los rastreadores de
IA mediante un sistema de “pay per crawl”.
Dans concluye que, si la web quiere seguir siendo sostenible, será necesario
renegociar las reglas: quienes utilicen contenidos para alimentar sistemas de
inteligencia artificial deberán compensar a sus creadores o asumir que estos
opten por restringir el acceso a sus obras.
La verdad es que
se trata de un asunto complejo y que, sin duda, cambiará la forma de crear
contenidos en internet. Desde luego, a peor. Si un creador-divulgador deja de
percibir ingresos de la web por falta de tráfico, optará por abandonar o, al
menos, por invertir lo menos posible en su trabajo, reemplazando su contenido
original por simples resúmenes y/o notas elaboradas por … Inteligencia
Artificial.
Con lo cual se
cerrará el círculo: el contenido que facilita la IA se obtendrá de webs que, a su vez, obtienen sus materiales
e incluso su redacción a través de otras (o las mismas) IA. El empobrecimiento
cultural y creativo está asegurado.

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