Como ya comenté en este blog (AQUÍ), he abierto una
cuenta en Substack. Es una plataforma que permite publicar artículos, como si
de un blog se tratara, pero con un par de matices. Uno de ellos es que permite
suscribirse a los nuevos artículos que se compartan, recibiendo el suscriptor
un correo electrónico con cada novedad. El segundo –y parece que el más
relevante para muchos de quienes publican en la plataforma- es la posibilidad
de suscriptores “de pago”, es decir, que pagan una cantidad mensual para
fomentar la productividad del escritor.
Cuando decidí abrir la cuenta tenía claro que esa
segunda característica – el cobrar por mis artículos- quedaría descartada. Soy
un profesional que vivo de mi actividad como abogado y para quien escribir no
es más que un “divertimento”. No tenía tan claro ni la frecuencia ni el objeto
de las publicaciones. La idea inicial era publicar semanalmente y sobre temas
jurídicos aunque no tratarlos con profundidad (para eso, queda este blog).
Sin embargo, con el paso del tiempo, ni he cumplido
las expectativas de regularidad en la publicación ni tampoco me he ceñido a
temas jurídicos, sino que más bien lo he convertido es una especie de segundo
blog para temas no estrictamente jurídicos y más personales.
¿Qué resultado he tenido? La verdad es que un poco
decepcionante. La plataforma se anuncia como potenciadora de los autores y,
según indica, impulsa su crecimiento para conseguir muchas suscripciones. Sin embargo,
al menos en mi caso, no ha sido así. No sé si por la falta de regularidad o por
el escaso interés de los asuntos, pero las estadísticas no mienten.
La foto anterior recoge el origen de las lecturas de
mis distintos artículos publicados en Substack y está referidas a 14 de mayo. Como
puede verse, en un total de alrededor de 500 visitas, las aportadas por la
propia plataforma son 37, lo que no representa ni el 10% del total, proviniendo el resto de mis propias redes sociales o remisión directa de los enlaces a
gente de mi entorno.
Esto se confirma viendo las suscripciones. En la
actualidad tengo suscritas 10 personas, que en realidad son sólo siete,
porque las otras son o bien direcciones de correo electrónico mías o bien
familiares (a los que ni siquiera pido que me lean). Y todos ellos son personas
a quienes conozco; es decir, no son suscriptores proporcionados por la
plataforma.
Ante esta situación, ¿qué hacer? ¿eliminar la cuenta y
publicar todo lo que me parezca oportuno en este blog, que al ser mío me lo
permite? ¿o seguir insistiendo para, al menos, diferenciar los temas sobre los
que escribo?
Espero vuestros comentarios al respecto y os dejo el enlace a la cuenta
NOTA.-
Sí he aprendido algo importante: es preferible no justificar los textos para
facilitar la lectura en los móviles. A partir de ahora, seguiré esta norma no escrita.
Si has leído
hasta aquí, aún te faltan dos cosas por hacer:
1. No perderte nada de lo que publiquemos. Para eso sólo tienes que enviar un correo a alfilabogados@alfilabogados.es y te incluiremos en una lista de distribución que envía un
correo mensual con las novedades del blog y de nuestro canal de Youtube.
2. No guardarte la información sólo para ti. Compártela con quien creas que puede tener interés en ella y
difúndela a través de tus redes sociales. Así llegará a más personas.
Muchas
gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario