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viernes, 26 de febrero de 2021

RESEÑA: EL HILO SECRETO, de Kylie Fitzpatrick

 


Se trata de una típica novela de verano y leída, por tanto, en agosto, en concreto, en agosto de 2019. Novela histórica en la que, a través de la mezcla entre una historia actual y un documento histórico, se narran determinados hechos históricos, algunos de los cuales son ciertos mientras que otros, sin duda, son de la propia invención de la autora. En este sentido, siempre que leo una novela histórica echo de menos la existencia de notas a pie de página que expliquen y/o aclaren si las afirmaciones contenidas en el texto principal tienen o no fundamento histórico o son simple invención.




En este caso, se trata de la historia de Inglaterra –la autora, según se indica en el libro, nació en Copenhague y se crió en Australia, si bien desarrolla su trabajo en Gran Bretaña- y en concreto se refiere al fallecimiento del rey Eduardo el Confesor y la invasión de la isla por parte de los normandos con Guillermo el Conquistador al frente. Hechos todos estos relatados en un tapiz –el “famoso tapiz de Bayeux”- de existencia real y ubicado en la localidad francesa de tal nombre, en la Normandía francesa. Tan real como que, con posterioridad a la lectura del libro, se publicó un artículo en prensa sobre nuevos descubrimientos al respecto, que podéis consultar AQUÍ.

El instrumento literario utilizado para la introducción del elemento histórico tampoco es nada original, un libro antiguo redactado en forma de diario por una bordadora de la Corte del Rey Eduardo, siendo de destacar el carácter feminista de la obra en tal sentido, que se encarga de destacar en varios pasajes cómo resultaba inaudito la existencia de una mujer que supiera leer y escribir en el siglo XI europeo.

Entre las cuestiones que me han llamado la atención, me gustaría destacar las siguientes:

1.- Una de ellas es una frase grandilocuente y, al mismo tiempo, vacía de contenido. El contexto en que se produce es una conversación –más bien, un flirteo- entre la protagonista (de madre inglesa y padre francés) y  un personaje secundario de nacionalidad danesa. Ella, al saber que es danés, realiza un comentario sobre la presencia de los vikingos en la zona mucho tiempo atrás, a lo que él repone que no puede hacerse responsable del comportamiento de sus antepasados. Y a ello responde la protagonista con una frase tan ampulosa como vacía de contenido: “la historia no es más que un registro de crímenes contra la humanidad que se repiten y que son casi idénticos. Todos deberíamos hacernos responsables de ellos, porque si no lo hacemos el ciclo continúa y nada cambia” (pág.  127). Y digo que está vacía de contenido porque entronca con esa tendencia revisionista tan actual que lleva a contemplar hechos históricos, del pasado, con parámetros actuales, lo que sin duda conduce a un callejón sin salida. Resulta paradójica esa tendencia revisora permanente sin resultado alguno pues la Historia es la que es y, con independencia de la valoración de quien quiera hacerla, sigue siendo la misma. El pasado no admite cambios.

 

2.- Una segunda cuestión llamativa –y que me resulta más interesante- es un problema de máxima actualidad en un país descentralizado como España. Se trata de un pasaje en el que se refleja el enfrentamiento entre dos hermanos de la familia real, cada uno Conde de un territorio distinto, y en el que uno de ellos le reprocha al otro el distinto criterio impositivo, de tal modo que “exige que los impuestos de Northumbria sean iguales que los del sur” (pág. 228). Problema habitual en España, donde las distintas comunidades autónomas disfrutan de autonomía financiera y cierta capacidad de decisión para fijar determinados impuestos en la cuantía que tengan por conveniente. Más curioso aún: en la Inglaterra del siglo XI quien se queja es el gobernante del Sur, territorio más rico y con mayores impuestos que el Norte. ¿Le suena a los lectores?

 

3.- Una última cuestión que me resulta llamativa del libro es una especie de desprecio hacia el sur de Europa y sus habitantes.  En la pág. 309 y dentro de la parte histórica –agosto de 1065- se hace referencia a una visita a un mercado de la ciudad de Winchester y tras destacar la suntuosidad y el buen gusto de telas y otros productos, se hace referencia a la existencia de un espectáculo circense, un oso que bailaba y cuyo amo se califica como “uno de esos viajeros de piel oscura venidos del sur del continente, un hombre harapiento y delgado”. Aún más grave es la referencia de la página 316 que, además, se dirige directamente a los españoles. En una escena en la que la nacionalidad de las personas carece de relevancia –camareros en un bar-, de manera despectiva e, insisto, innecesaria, se refiere la protagonista de la novela a “dos jóvenes camareros españoles (que) estaban secando vasos” con la afirmación de “Los dos son gays, estoy segura”. No era necesario en ese pasaje hacer referencia a la nacionalidad de los camareros, muchos menos a su supuesta condición sexual, ni siquiera era preciso hacer referencia a ellos. Y, sin embargo, la frase está ahí. ¿Será un problema de traducción y quería decir “alegres”? No sería de extrañar, pues los problemas de traducción se producen con cierta frecuencia, como indicábamos en esta entrada en la que el nivel de inglés de una aspirante a Fallera Mayor se convirtió en “rasuradita”.

 

Para terminar, pues esto se alarga demasiado, la novela es entretenida y sirve para aprender algo más de la Historia de Inglaterra y, desde luego, la recomendamos.


NOTA DEL AUTOR DE 21/09/2022.- Añado el enlace a un artículo sobre el tapiz de Bayeux que he descubierto hoy y según en el cual un estudio universitario ha contabilizado cuántos penes -sí, no has leído mal- se pueden apreciar en el tapiz. Puedes consultarlo AQUI

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