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viernes, 25 de marzo de 2016

Ben-Hur y el Derecho Romano


 

 

            Es tradición en la televisión española inundarnos de películas de romanos en Semana Santa y, desde luego, si hay un clásico entre los clásicos, esa es Ben-Hur. ¿Quién –al menos de entre los que peinan canas- no recuerda la escena de la carrera de cuadrigas? ¿Quién no recuerda al arrogante Messala, más muerto que vivo en ese momento, diciendo que “vendrá, él vendrá”? ¿Y que decir de esos caballos con nombres de estrellas que el jeque cuida como a sus hijas?



 


 


            Pues, fieles a la tradición, ayer repusieron en una cadena de TV la Película, en mayúsculas, sobre la que tanto se ha escrito (una entrada de un blog que me ha gustado en su planteamiento y del que tomo prestada la fotografía, podéis encontrarlo aquí) Y aunque no la vi entera, sí tuve ocasión de ver algunos fragmentos y hubo uno que me llamó especialmente la atención.

 

            No porque fuera la primera vez que la veía sino porque recientemente he estudiado un poco de Derecho Romano para conocer con más detalle el llamado “dogma de la autonomía de la voluntad” en el Derecho español.

 

            Y, como suele ocurrir cuando uno estudia un tema, me he llevado una sorpresa. La famosa expresión “pacta sunt servanda” que tantas veces he utilizado en mis informes para destacar el valor de lo acordado, no nació en Roma, donde tan sólo determinados contratos se podían contraer mediante el mero consentimiento.

 

            El Derecho Romano conoció, a lo largo de sus muchos siglos de evolución, diversas formas contractuales, algunas que nacían de la utilización de determinadas fórmulas sacramentales, otras que implicaban la entrega de una cosa, alguna que se basaba en el consentimiento y otro grupo de ellas cuya fuerza obligatoria nacía de la letra, de la inscripción de su contenido en una especie de libro de contabilidad doméstica del acreedor denominado codex accepti et expensi.

 

            ¿Y qué tiene que ver esto con Ben-Hur? Pues como una imagen vale más que mil palabras, aquí tenéis la escena en la que el jeque árabe, con una mezcla de adulación y desafío, consigue que el tribuno Messala acepte la apuesta de correr contra Judá en las carreras de cuadrigas.
 

 
 

            Puede verse en la fotografía, aunque aún mejor en la escena, cómo el jeque lleva en sus manos un libro, donde anota su apuesta y en el que hace firmar al romano (que, arrogante, no lo hace de puño y letra sino con su sello, lo que nos daría materia para otra entrada). ¿Sería este libro un  codex accepti et expensi?

 

            Es difícil de saber, sobre todo porque el cine, a pesar de contar con asesores de todo tipo incluidos los históricos, no siempre acierta. Pero lo cierto y verdad es que la institución del codex existió y, aunque se conoce poco de él porque no se recogió por Justiniano en el Corpus Iuris Civilis, parece que la obligación nacía de la simple transscriptio en el libro.

 

            La transscriptio o nomen transscripticium versaba siempre sobre una cantidad cierta de dinero y daba lugar a deudas abstractas, si bien no dispone la doctrina de suficientes fuentes para conocer su funcionamiento en aspectos tan importante, por ejemplo, como saber si la inscripción del acreedor exigía la voluntad del deudor, aunque según la película, sí era precisa, al menos para las deudas de juego.

 

            En definitiva, podemos confirmar una vez más que el cine es un magnífico instrumento para conocer el Derecho, a veces porque nos enseña cómo funciona y a veces porque podemos comprobar todo lo contrario, es decir, los errores que respecto de la realidad jurídica presentan algunas películas. Tema sobre el que quizá volvamos más adelante.

 

NOTA.- Es importante destacar que quien esto escribe no es experto en Derecho Romano y que siempre estamos abiertos a aprender, por lo que si algún romanista puede darnos más información sobre la figura a que nos referimos, será bienvenida.

 

 

2 comentarios:

  1. !Que barbaridad!!
    Las cosas que dicen los profesores
    Ni había caído en eso
    Los profanos tenemos ese problema
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el comentario, especialmente por venir de quien no es profesor pero sí Maestro. Un abrazo

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