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sábado, 5 de abril de 2014

ESQUIZOFRENIA PROFESIONAL


Continuando con mi “limpieza” documental, encuentro un artículo titulado como esta entrada publicado por Alejandro Nieto en la Revista Lex Nova de octubre-diciembre de 2002 (y que puede consultarse AQUI). Me llama la atención.
Comienza describiendo una situación que me resulta muy cercana:
El profesor imparte por la mañana lecciones de ciencia ficción, relatando como si fueran reales y actuales acontecimientos legendarios protagonizados por las leyes. Da por existente lo que no es más que un deseo no siempre  pío; afirma que el mundo funciona en el sentido que declaran las leyes y pone solemnemente en manos de los alumnos unos códigos de papel que vende como hierro y cemento de las paredes maestras de la arquitectura social.
Por la tarde, empero, cambia el birrete universitario por la toga forense y se olvida de las lecciones matutinas para convertirse en un práctico implacable al servicio del cliente; las leyes dejan de ser instrumentos sociales para convertirse en herramientas de dominación, en trampas procesales, en arena arrojadiza sobre los ojos del contrario. El caso pedagógico que por la mañana ha resuelto ante los estudiantes con criterios de legalidad y justicia, se desarrolla por la tarde exclusivamente en el sentido que beneficia a su cliente con independencia de lo que digan la legalidad estricta y la justicia”.
Es lo que denomina la esquizofrenia o personalidad escindida, que provoca importantes problemas. Uno de ellos es que, según el autor, “los estudiantes salen engañados de la Universidad”. Pero el más grande es el que describe tan bien que sólo puedo transcribirlo:
La doctrina que de la pluma de estos profesores sale oculta, a menudo bajo el envoltorio de su autoridad magistral, un contrabando sospechosísimo, tal como ha denunciado con sinceridad una profesora barcelonesa que se ha atrevido a hacer público un secreto que todos sabían y callaban, a saber, que la cabeza forense escribe un dictamen por encargo de un cliente cuyo contenido es deliberadamente parcial como es de rigor. Algo que nadie puede reprocharle. Pero lo que viene detrás ya no es tan transparente. Porque luego se pide una ponencia para un congreso y la cara profesional reutiliza el dictamen, que pasa de matute como si fuera un trabajo científico. Esta ponencia del maestro, considerada neutral, es citada piadosamente por sus discípulos y colegas y poco a poco se va convirtiendo en “doctrina dominante” que los tribunales terminan recogiendo en una “jurisprudencia consolidada” que en realidad es una “jurisprudencia contaminada”.
Concluye el autor pidiendo a quienes se enfrentan a esta esquizofrenia “una severa auto-vigilancia” para evitar quebrantos de la honestidad científica y a los seguidores y lectores una “crítica despierta”.
Son magníficos consejos que hay que poner en vigor a diario. Cuando el profesional ejerce su actividad como abogado, defiende intereses de parte y en consecuencia serán los únicos a tener en cuenta. Cuando se realiza una actividad académica, hay que ser neutral, exponer los diversos argumentos a favor y en contra de una determinada posición y sobre todo, no “hacer supuesto de la cuestión”, en expresión típica de nuestro Tribunal Supremo. Sólo así se estarán consiguiendo los indudables beneficios que implica que los Profesores ejerzan la profesión y que los Abogados enseñen en las Universidades.

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